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Tienes una actividad o un hobby, llamémoslo X. Lo desarrollas, Te interesas por todos los aspectos teóricos posibles para avanzar en dicho hobby y los llevas a la práctica, si es posible.

Pero pronto sientes que no te has sumergido suficiente, y tienes necesidad de ahondar más, no sólo en el hobby, sino en aspectos que lo rodean y lo engloban, de modo que eres capaz de llegar más alto. Vas mejorando, y te hinchas de satisfacción, y por qué no, orgullo por ello.

Entonces descubres ciertos aspectos que no tenías en cuenta. Y al trabajarlos, sigues avanzando. La satisfacción es mayor. Esto ocurre ad infinitum, hasta que en cierto momento reparas en que no estás contento, que quieres llegar más arriba. Has subido más alto de lo que estabas al principio, pero eso no basta, tienes que ser el mejor, de modo que si no lo consigues esto se traduce en descontento.

Has pasado de la satisfacción por realizar una actividad a la insatisfacción por no hacerla. En otro contexto, otros lo llamarían adicción. Yo lo llamo trampa del ego.

Y es que como todo, depende de cómo lo enfoques. Cuando empiezas esa actividad o hobby, es algo que decides hacer sin meterte en demasiadas complicaciones, llamémoslo algo externo. Conforme más te vas implicando en el proceso de pulir tu habilidad con dicha actividad, más vas asociándola contigo, hasta llegado el punto en que no eres capaz de satisfacer la expectativa de avanzar sin un esfuerzo que no te apetece hacer. Ese esfuerzo puede ser, por ejemplo, una dedicación diaria de varias horas a la materia en cuestión. Sin embargo si no realizas ese esfuerzo, estás resignando a lo que eres. En definitiva llegas a identificarte en alto grado con el desempeño de esta actividad, y a su vez dicha actividad es la frustración, la horma del zapato.

Por eso es una trampa del ego, porque uno no es su desempeño en una actividad, es (usando el verbo ser ignorando la falacia que esconde) entre otras cosas, el desempeño en muchas actividades distintas, muchos pensamientos, y muchas ideas. De distintos campos, no uno solo, por mucho que se amplíe ese campo al buscar el progreso.

Por ello, la especialización es una trampa del ego, porque el ego encuentra en ella una herramienta para reafirmarse, para establecer una identidad estática más allá del infinito con que cuenta el verdadero yo.

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